Aún siento el dulce
olor a miel en el dormitorio. Tú, sentado, mirando al vacio, preguntándote en que
momento dejamos que el amor se convirtiera en esto. Para ser más precisos, en
que instante, esta amistad se transformó en una extraña parodia de pasión
desenfrenada y mentiras sin corazón. Por supuesto mi silencio no aportaba
mucho. ¿Qué podía decirte? ¿Vivimos el momento, somos libres sin
remordimientos, no importa el futuro?...vamos!! Esa no era una respuesta
apropiada ni agradecida. Por lo menos no para la situación en que te
encontrabas. “Conocí a alguien que…” fue el inicio de la sentencia de aquella
noche nebulosa y a la vez tan tiritante de emoción. Mientras narrabas tu idilio
secreto, por primera vez en mi vida, pude visualizar los peores pecados que
cometí cuando te tenía en mis brazos y susurraba tu nombre, cuando la vida nos
unía en una sola melodía, una eterna e inspirante canción de sueños de amor.
Recuerdo haber sonreído bruscamente mientras el veneno de tus palabras, me
corría lentamente por las venas. Atontada, busqué rápidamente una frase que no
delate mi angustia, mi pena y a la vez mi alegría, porque en el fondo te quería
inmensamente y deseaba que toda la felicidad del universo te envolviese y en
ella, flotases en nubes rosáceas, a mi lado o a unos mil kilómetros, no
interesaba la verdad, tu sonrisa y ese brillo tan hermoso en tu rostro me
bastaba para asentir e imaginarte lejos... Pero al verte nuevamente a los ojos,
al sentir la fragancia de tu piel, al saber que esa sería la ultima vez que
podría acariciarte con la ternura de una mirada y sentirte tristemente mío, sólo
pude titubear fríamente: “adiós”.
Desde entonces, no he
vuelto a verle ni tengo intenciones de hacerlo. Quizá ese destino que nos hizo
conocernos, solo quería enseñarnos el verdadero camino lleno de vidas
compaginadas en otras, o tal vez jugaba con nosotros a interpretar una obra
teatral, realmente no lo sé. Lo único que si tengo claro como dice Pablo Neruda
es que el amor, ese sentimiento que algún día nos juntó, no tiene muerte, así sea
en una historia de otoño creada por mi.