sábado, 3 de diciembre de 2011

Olvide decirte que...



Aún siento el dulce olor a miel en el dormitorio. Tú, sentado, mirando al vacio, preguntándote en que momento dejamos que el amor se convirtiera en esto. Para ser más precisos, en que instante, esta amistad se transformó en una extraña parodia de pasión desenfrenada y mentiras sin corazón. Por supuesto mi silencio no aportaba mucho. ¿Qué podía decirte? ¿Vivimos el momento, somos libres sin remordimientos, no importa el futuro?...vamos!! Esa no era una respuesta apropiada ni agradecida. Por lo menos no para la situación en que te encontrabas. “Conocí a alguien que…” fue el inicio de la sentencia de aquella noche nebulosa y a la vez tan tiritante de emoción. Mientras narrabas tu idilio secreto, por primera vez en mi vida, pude visualizar los peores pecados que cometí cuando te tenía en mis brazos y susurraba tu nombre, cuando la vida nos unía en una sola melodía, una eterna e inspirante canción de sueños de amor. Recuerdo haber sonreído bruscamente mientras el veneno de tus palabras, me corría lentamente por las venas. Atontada, busqué rápidamente una frase que no delate mi angustia, mi pena y a la vez mi alegría, porque en el fondo te quería inmensamente y deseaba que toda la felicidad del universo te envolviese y en ella, flotases en nubes rosáceas, a mi lado o a unos mil kilómetros, no interesaba la verdad, tu sonrisa y ese brillo tan hermoso en tu rostro me bastaba para asentir e imaginarte lejos... Pero al verte nuevamente a los ojos, al sentir la fragancia de tu piel, al saber que esa sería la ultima vez que podría acariciarte con la ternura de una mirada y sentirte tristemente mío, sólo pude titubear fríamente: “adiós”.

Desde entonces, no he vuelto a verle ni tengo intenciones de hacerlo. Quizá ese destino que nos hizo conocernos, solo quería enseñarnos el verdadero camino lleno de vidas compaginadas en otras, o tal vez jugaba con nosotros a interpretar una obra teatral, realmente no lo sé. Lo único que si tengo claro como dice Pablo Neruda es que el amor, ese sentimiento que algún día nos juntó, no tiene muerte, así sea en una historia de otoño creada por mi.

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