sábado, 3 de diciembre de 2011

Yo y algo más


En el fondo, cada uno de nosotros buscamos una adrenalina secreta; esa razón, que nos hace convertirnos en protagonistas de irreverentes historias y recuerdos interminables. Claro, que hay personas que no se cansan de sentir esa ansiedad en las venas y provocan que los cielos borren las ideas iniciales, creando un monte de Olimpo sin dioses, sin metáforas, ni ley. Una de esos seres humanos, con insistente mérito de conocer el mundo empírico, soy yo. Quizá por ello, sé casi de memoria y por instinto, en que mares de momentos impredecibles me sumerjo, sin el más mínimo asco ni pudor. Con esto, no quiero decir que aspiro a convertirme en una sabionda de la vida o una hippie reprimida. Nada más alejado de la realidad. Es solo que mi espíritu moralmente trotamundos, lleva mi inspiración por caminos con sabor a “vía láctea”. Así poco a poquito, comerme el universo a pasos de gigante y no dejar que mi alma se encierre en un frasco de preservante, olvidada en acciones que me han costado cataratas de lágrimas y ¿por qué no? Carcajadas a morir.

Vivir, soñar que lo hago, sentir, entregarme, apasionarme sin medidas, Ser yo misma y amar mis defectos con ánimos optimistas de cambiar, son las consecuencias de escuchar atentamente a la voz del corazón.  Esa voz que muchos nos negamos a tomar en cuenta, dejándola en el banco de suplentes, con la camiseta puesta para incluirse en el futuro según una antigua canción de mi querido Ricardo Arjona.


No hay comentarios:

Publicar un comentario