viernes, 7 de mayo de 2010

El arte de Comunicar

Siempre he creido que no soy buena para las matemáticas. Mamá dice que es un complejo mio, el no sentirme interesada por las leyes de la ciencia y derivados. Quizá no tenga razón. Quizá no he nacido para lo racional y logico del mundo, por ello soy asi, tan descuadrante, tan libre, tan yo simplemente. Eso lo he comprendido, desde el primer dia que se me ocurrio seguir la carrera de comunicaciones, dejando de lado todo lo designado por el destino familiar. Todo el mundo hablaba de lo halagador que seria verme con un moño bien profesional y lentes claros, en medio de mil niños alrededor haciendo las coreos de la novicia rebelde. Mucho Nubeluz pues. Solo una vez soñe que era maestra y a los pocos segundos, quize llorar, para desahogar o mejor dicho canalizar la ansiedad de ser una marioneta (porque asi me sentia). Y no es que ser profesora sea algo que esclavize mi mente, no, sino que hay momentos en la vida en que el corazon te dicta un escrito y todo el universo se confabula para que se cumpla. Eso lo pude ver claramente cuando decidi ser comunicadora. Aunque para ser sincera, no fue toda una revelacion divina mi seguimiento, sino que llevo tiempo de pruebas, luchas y mucha voluntad. Años y experiencia me han dado a descubrir nuevos mundos, nuevas maneras de ver la carrera como un nectar, una dulce obsesion, a la cual no temo entregarme con todo el corazón.

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